Cancionero

Estos versos, que en gran medida son de cantautor, llevan huellas de dolor, de melancolía; brotan en horas de aquella soledad que contiene el abandono, a pesar de andar entre tanta gente; son letras al borde de la muerte; nacen en el rigor de la agonía diaria. Con todo, cuando las cerrazones han sido tan inquietantes, auguraron claridades. Hay ahí, entonces, un resquicio para divisar sendas más amables, un intersticio entre el desaliento y el brío de un nuevo aliento. Quizás es lenguaje que no revele gran cosa. Y, si parece frío, áspero o elemental, es porque en las contingencias de la vida he sido proclive a la dureza, a la inexpresividad, al gesto sin sonrisa; a callar cuando tenía que decir algo a la mamá, al amigo, al hermano, a mi hija y a la vidita mía, ese amor de siempre que ya no podrá escuchar las palabras que inexplicablemente contuve… Si el tiempo me alcanza, tendré que aprender más sensibilidad desinhibida, antes que el sentimiento de pérdida termine por consumirme. Nada más que decir… por ahora.

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